En el año 1815, el gobernador de la provincia de Córdoba, coronel José Javier Díaz, dirigió un movimiento que determinó la separación de la provincia de la tutela de Buenos Aires. La Rioja imitó ese ejemplo, y al poco tiempo, el Teniente Gobernador, apoyado por el pueblo, dio por terminada su dependencia del gobierno cordobés.

El año 1820 comenzó con la caída de las autoridades nacionales: el Director y el Congreso, que aspiraban a desconocer las autonomías de las provincias. Se inició entonces un movimiento general por el cual cada provincia decidió nombrar sus propias autoridades y separarse de las demás. El 1 de marzo de 1820 una asamblea de los personajes más influyentes declaró la Autonomía de La Rioja y fundó La Casa de la Moneda.
Reconocida la autonomía, el Gobernador Ortiz de Ocampo tuvo que afrontar una muy difícil situación económica por la falta de recursos manufacturados, agravada por su alejamiento de la ruta comercial. La más inmediata solución fue echar mano a los minerales de Famatina y acuñar monedas de plata, metal de mayor existencia en las vetas superficiales. Para ello se creó la Casa de la Moneda, que se instaló en el convento de los jesuitas, actual Colegio Nacional, donde se mantuvo hasta 1860.
Los primeros batidos se hicieron con el modelo español en 1821 y 1822; en el reverso estaba grabada la palabra Rioxa. La compañía Famatina fue organizada después de 1823, contando entre los principales accionistas a Juan Facundo Quiroga.
A partir de ese momento se utilizó el sistema de la asamblea de 1813, con el Sol y el Escudo. Las monedas de oro (onza) y de plata (reales) se siguieron acuñando después de la Organización Nacional, en los años 1854, 1859, 1860. Tuvieron circulación en las provincias limítrofes, especialmente en Cuyo y también en Chile.



